Archivo de Febrero de 2009
La Rosa niña
Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina.
Salen los tres reyes de adorar al rey,
flor de infancia llena de una luz divina
que humaniza y dora la mula y el buey.
Baltasar medita, mirando la estrella
que guía en la altura. Gaspar sueña en
la visión sagrada. Melchor ve en aquella
visión la llegada de un mágico bien.
Las cabalgaduras sacuden los cuellos
cubiertos de sedas y metales. Frío
matinal refresca belfos de camellos
húmedos de gracia, de azul y rocío.
Las meditaciones de la barba sabia
van acompasando los plumajes flavos,
los ágiles trotes de potros de Arabia
y las risas blancas de negros esclavos.
¿De dónde vinieron a la Epifanía?
¿De Persia? ¿De Egipto? ¿De la India? Es en vano
cavilar. Vinieron de la luz, del Día,
del Amor. Inútil pensar, Tertuliano.
El fin anunciaban de un gran cautiverio
y el advenimiento de un raro tesoro.
Traían un símbolo de triple misterio,
portando el incienso, la mirra y el oro.
En las cercanías de Belén se para
el cortejo. ¿A causa? A causa de que
una dulce niña de belleza rara
surge ante los magos, todo ensueño y fe.
¡Oh, reyes! —les dice—. Yo soy una niña
que oyó a los vecinos pastores cantar,
y desde la próxima florida campiña
miró vuestro regio cortejo pasar.
Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno,
que el mundo está lleno de gozo por El,
y que es tan rosado, tan lindo y tan bueno,
que hace al sol más sol, y a la miel más miel.
Aún no llega el día… ¿Dónde está el establo?
Prestadme la estrella para ir a Belén.
No tengáis cuidado que la apague el diablo,
con mis ojos puros la cuidaré bien.
Los magos quedaron silenciosos. Bella
de toda belleza, a Belén tornó
la estrella y la niña, llevada por ella
al establo, cuna de Jesús, entró.
Pero cuando estuvo junto a aquel infante,
en cuyas pupilas miró a Dios arder,
se quedó pasmada, pálido el semblante,
porque no tenía nada que ofrecer.
La Madre miraba a su niño lucero,
las dos bestias buenas daban su calor;
sonreía el santo viejo carpintero,
la niña estaba temblando de amor.
Allí había oro en cajas reales,
perfumes en frascos de hechura oriental,
incienso en copas de finos metales,
y quesos, y flores, y miel de panal.
Se puso rosada, rosada, rosada…
ante la mirada del niño Jesús.
(Felizmente que era su madrina un hada,
de Anatole France o el doctor Mardrús).
¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella!
¿Qué dar a ese tierno divino Señor?
Le hubiera ofrecido la mágica estrella,
la de Baltasar, Gaspar y Melchor…
Mas a los influjos del hada amorosa,
que supo el secreto de aquel corazón,
se fue convirtiendo poco a poco en rosa,
en rosa más bella que las de Sarón.
La metamorfosis fue santa aquel día
(la sombra lejana de Ovidio aplaudía),
pues la dulce niña ofreció al Señor,
que le agradecía y le sonreía,
en la melodía de la Epifanía,
su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor.
Nuestro amor
Amante, mi compañera
alegrías y tristezas
costumbre de tu tibieza
de tu aroma a primavera
Tan intenso nuestro amor
sin peros ni condiciones
mil besos son las razones
de su vigencia y vigor
El pensamiento y la acción
es pretensión de un destino
lado a lado en el camino
coincidente la ilusión
Sin tropiezos ni malezas
la senda sabrá segura
cariño, toda ternura
tus labios y la tibieza
Madre tu día
La larga mesa, festejo
esta jornada es tu día
abrazos algarabía
tus hijos vienen de lejos
Una lágrima, ese beso
incontenible emoción
realizada la ilusión
y tu tan feliz por eso
Todo el amor sin distancia
por la caricia ansiedad
y suave la realidad
la piel y su relevancia
Ese querer tan inmenso
el que no tiene medida
mi madre, la más querida
aroma a rosas, intenso
La vida para mí…
La vida es una lucha contínua, es una realización de uno mismo.
Para sentirse pleno, constantemente hay que luchar, ante cualquier tropiezo que se te ponga delante.
Si te caes levántate y empieza de nuevo, pero no te dejes llevar por la desesperación, la angustia, etc. ya que es la llave que te cierra la puerta hacia tu realización.
La vida no es teoría que se aprende en un día, es toda una realización diaria, con caidas y levantadas.
Ella es toda una experiencias vividas a lo largo de tu vida.
Ella se forma con cada día, con el amanecer aparece un nuevo día lleno de tareas, de las cuales se puede aprender y madurar en algún que otro aspecto.
Por Loly Ojeda
Amor y soledad
En lo alto de una montaña
Habita mi alma
Porque de pena clama
Al que huyó de mis venas
Cuan sangre fluye de ellas
Con ansias espera
Tu fugaz regreso.
Mi cuerpo por ti desfallece
Mi alma se seca lentamente
Mi vida se acaba poco a poco
Sin tu amor, en un destrozo
Mi corazón ya está roto.
El reloj de amor
Poco a poco ya se agotó
Y tú nunca has querido
A la que por ti se ha derretido.
Tal vez mi escrito
No es más que un capricho
Metido en mi cuerpo
Por aquel a quien mi alma clama
Pero con honestidad te digo
Que de mi corazón sale
Porque jamás he sentido
Un amor tan enredado con el destino
El cual insatisfecho
Trató de robarte un beso
Pero el destino fue mas fuerte
Y rompió los lazos de tu amor
Dejando el mío desecho…
Solo amor
Siento sed de tu cuerpo y de tus manos
Y de tu amor que he tomado a grandes tragos
He agotado su existencia en mi presencia
Y hoy lo reclamo con un llanto a tu nobleza
Quiero amarte de los pies a la cabeza
Y acariciar tu cuerpo fuerte y de batalla
Hasta que mi piel se rompa en mil pedazos
Y brote toda mi inocencia cual tierna lava
Y mi sed no se calmará ni con besos
Ni con sexo ni con nada.
Quiero amor del más puro y más sencillo
Solo amor, y que transpire
Por cada poro que se abra.
Perdonarte no puedo
Me siento tan sola sin tus besos,
sin tu amor, caminando por la calle,
olvidando el rencor.
Quisiera sentir que ya te perdoné,
mas mis ojos no perdonan
las lágrimas que te lloré,
esas noches en vela
que por tanto tiempo pasé.
Te amé como a nadie
jamás pude haber amado,
me aferré a ti con tal fuerza
como las estrellas a su cielo,
como las personas a sus sueños.
Aún siento el sabor
de nuestro último beso,
quiero olvidar ese último encuentro.
Un encuentro donde sólo obtuve
lágrimas y desilusiones,
cuando mi confianza era tuya
sin pedir explicaciones,
mas de lo único que tú sabías
era de traiciones.
Debo esperar,
a que el tiempo me haga olvidar,
a que mis heridas puedan sanar
y a que mi corazón aprenda a perdonar
para que mis cicatrices se puedan borrar
Yo, la que te quiere
Yo soy tu indómita gacela,
el trueno que rompe la luz sobre tu pecho
Yo soy el viento desatado en la montaña
y el fulgor concentrado del fuego del ocote.
Yo caliento tus noches,
encendiendo volcanes en mis manos,
mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.
Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,
riendo la risa inmutable de los años.
Yo soy el inexplorado camino,
la claridad que rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora
desde el otro lado de la luna,
soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que crece,
algo que ríe y llora.
Yo,
la que te quiere.
Gioconda Belli
Sentimientos
El cariño es fundamento
es esencia y el camino
ventura y dicha el destino
obstinado sentimiento
Porque soy parte de ti
tu piel es mi propia piel
compañera siempre fiel
no te separas de mí
Tus pasos junto a mis pasos
a lo largo del sendero
ninguno luce primero
parejos en cada caso
Con ganas, todo el fervor
sin dudas, plena certeza
amigos de la tibieza
dos almas, un solo amor
No ha nacido para amar
¡No! No ha nacido para amar, sin duda,
ni tampoco ha nacido para odiar,
ya que el amor y el odio han lastimado
su corazón de una manera igual.
Como la dura roca
de algún arroyo solitario al pie,
inmóvil y olvidado anhelaría
ya vivir sin amar ni aborrecer.