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Añoranzas

Añoro tus manos cálidas en mi
cuerpo, que casi sin vida yacen
en mi lecho solitario y silencioso.

En la negra soledad de mi existencia,
mis ojos secos no dejan de recorrer
las perfiladas huellas de tu rostro
en mi almohada.

Ya ni siquiera recuerdo tu aroma, que en
una época de mi vida le pusieron
fragancia a mis sábanas.

Ya se viene el día y en las pocas horas
de sueño que suelo tener, viene un
descanso la este atribulado corazón,
con la esperanza de que algún día
pudieras volver.

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